Casa Salvador


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Restaurante

Casa Salvador es una pequeña taberna taurina que fundó Salvador Blázquez en 1941, tiempos difíciles de la posguerra española. La taberna está situada en pleno centro de Madrid, en la calle Barbieri, donde aún se respiran los atardeceres golfos y castizos de otras épocas.

Salvador Blázquez, con su carisma, profesionalidad y don de gentes, supo atraerse una clientela de altos vuelos: banqueros como Alfonso Escámez y Pablo Garnica; toreros como Luis Miguel Dominguín, Victoriano Valencia y Paco Camino; actores y actrices como Charlton Heston, Alain Delon y Ava Gardner; el productor americano Samuel Bronston; y escritores de la categoría de Ernest Hemingway.

En 1976, Pepe Blázquez, sobrino carnal de Salvador, se hizo cargo del establecimiento y, en muy poco tiempo, transformó la taberna en uno de los restaurantes de referencia de la cocina tradicional madrileña. Pepe Blázquez, después de completar su formación culinaria en los fogones del Club de Golf de Zarauz, consiguió elevar lo que siempre se ha llamado “la cocina familiar” a la categoría de obra de arte. En la actualidad, se puede afirmar con absoluta convicción que Casa Salvador es el gran templo de esa gastronomía que nunca pasará de moda, pues todos la llevamos en el lugar donde los recuerdos se transforman en sentimiento.

Pepe Blázquez es sin duda el mago que puede convertir unos “callos a la madrileña” o un “estofado de rabo de toro” o uno de esos “potajes de cuaresma” en una experiencia rayana casi en lo religioso. Sin olvidarnos, naturalmente, de la especialidad de la casa: la “merluza rebozada”, única en el mundo, de un hermetismo sagrado en cuanto a su elaboración y, de tan asombrosa sencillez a la vista, que resulta imposible de imitar.

Pero Casa Salvador no es tan sólo un magnífico restaurante, sino también un fabuloso museo en el que se puede disfrutar de la historia social y taurina de Madrid. De sus paredes cuelgan cuadros y fotografías que reflejan esa otra memoria íntima que desvela la belleza y el alma de toda una ciudad, de una profesión como la de torero y de un mundo en general, que día a día sigue su camino entre los manteles de un restaurante, único y entrañable, que jamás morirá.